¿Las mayúsculas llevan tilde? - Optimo México
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¿Las mayúsculas llevan tilde?

¿Las mayúsculas llevan tilde?

¿Las mayúsculas llevan tilde?

Las palabras escritas en mayúsculas siguen las reglas generales de acentuación ortográfica: “AMÉRICA”, “Ángela”, “Él se levantó de repente”. Se exceptúan las siglas: CIA, ECOPLAN. Ésto tiene como sustento las reglas emitidas por la RAE, detalle que no es del año pasado. Curiosamente en el partido México vs Portugal con fecha FIFA del 18 de junio de 2017, tanto los periodistas como espectadores, y otros tantos críticos del lenguaje, se percataron que algunos apellidos de los jugadores de la Selección Mexicana estaban “mal escritos”, es decir, no tenían tilde. Ejemplo: HERNANDEZ. Bajo el conocimiento que debe llevar tilde en la “A” y como este caso muchos de los apellidos de los jugadores mexicanos que deberían tener acento no lo traían. Israel Márquez, jefe de Prensa de la Federación Mexicana de Fútbol, en aquél entonces, declaró para el New York Times que el registro de los nombres y apellidos que las federaciones de fútbol hacen ante la FIFA no pueden cambiarse. “Para registrar a un jugador en una competencia, debemos hacerlo con un documento oficial, en este caso el pasaporte”, comentó, por lo que se puso en evidencia en el juego del 18 de junio que los pasaportes mexicanos, emitidos por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), tienen los nombres de sus portadores en mayúsculas y sin acentuación. Dicha declaración y afirmación hizo que se cuestionara el origen del contenido del pasaporte mexicano en donde no se dudó en “pasar el balón” al Registro Civil, que es donde se emite el acta de nacimiento, documento oficial en México para establecer ascendencia y pertenencia, lo que significa que es el documento más importante de esta nación, es decir, el apellido viene mal escrito desde dicha dependencia. Se llegó a argumentar por algunos curiosos (incluyendo funcionarios públicos) que la razón es que dichos apellidos “están escritos con mayúsculas por lo que no hay problema si llevan tilde o no”.

Dicho argumento, que como tal no lo es, tiene, según muchos, un sustento histórico y es debido a que cuando llega la máquina de escribir a México éstas no podían escribir acentos sobre las mayúsculas por lo que se entendía, ante los interesados y con los testigos correspondientes, que se hablaba de cierto asunto o persona y se “justificaba” la falta del mismo. Pero lo interesante es que la regla de acentuación de las mayúsculas es por mucho más antigua que la máquina de escribir.

El primer intento registrado de producir una máquina de escribir fue realizado por el inventor Henry Mill, que obtuvo una patente de la reina Ana de Gran Bretaña en 1714. La siguiente patente expedida para una máquina de escribir fue concedida al inventor estadounidense William Austin Burt en 1829 por una máquina con caracteres colocados en una rueda semicircular que se giraba hasta la letra o carácter deseado y luego se oprimía contra el papel. Esta primera máquina se llamó ‘tipógrafo’, y era más lenta que la escritura normal, razón por la que no pudo sustituir la escritura a mano. En 1833 le fue concedida una patente francesa al inventor Xavier Progin por una máquina que incorporaba por primera vez uno de los principios utilizados en las máquinas de escribir modernas: el uso, para cada letra o símbolo, de líneas de linotipia separadas y accionadas por palancas separadas. El mecanismo utilizado para mover el papel entre caracteres y entre líneas es en casi todas las máquinas de escribir modernas un rodillo cilíndrico, contra el que se sujeta el papel con firmeza. El rodillo se mueve horizontalmente para producir el espaciado entre las líneas. La primera máquina que utilizó este método de espaciado fue construida en 1843 por el inventor estadounidense Charles Grover Thurber. La parte impresora de esta máquina de escribir era un anillo de metal que giraba en sentido horizontal sobre el rodillo y que estaba provisto de una serie de teclas o pistones con piezas de caracteres en su parte inferior. La máquina funcionaba girando la rueda hasta que la letra adecuada se centraba sobre la posición de impresión en el rodillo y luego se oprimía la tecla. Como pasa en cualquier invención, el creador se centra en resolver un problema, ya sea suyo o de la sociedad, o se centra en acelerar o mejorar algo ya existente. En cualquier caso, la máquina de escribir vino a acelerar la escritura y por ende la transferencia de conocimiento entre generaciones. Típicamente, el creador o inventor, se concentra en tratar de demostrar su idea y aceptando que “alguien más” la mejorará con el tiempo, ser recordado por la historia es importante. Si en ese camino hay obstáculos no resueltos y que no impiden la invención se entiende que otros lo resolverán.

Nadie puede negar que la aparición de la máquina de escribir vino a revolucionar la escritura. Pero, regresando a las palancas y los pistones, así como a la rueda que permitía el posicionamiento de las letras vía la tecla. Resulta que para poder acentuar una mayúscula tenía que hacerse a mano debido a que agregar el pistón en el mecanismo que heredamos de Remington allá por 1878, ya con el compendio tecnológico heredado y mencionado arriba, era prácticamente imposible y sin espacio. De hecho, la invención vino muchos años después. Todavía en el s. XX muchas escuelas de Taqui-mecano-grafía enseñaban a marcar con tinta a mano las tildes sobre las mayúsculas. Con la llegada de la máquina de escribir eléctrica se entiende que ese “problema” se resolvió pues ya no era necesario tanto mecanismo y el espacio para dicho carácter se adicionó al dispositivo. A pesar de que en la escuela se enseñaba, tanto en educación básica como en escuelas de especialización, al parecer la llegada a puestos públicos de personas con ideas diferentes hizo que marcar la tilde a mano se considerara “pérdida de tiempo” y con un poco de autoridad y autorización se fue aceptando poco a poco su ausencia en las mayúsculas. No tiene ni 20 años que se ha dejado atrás el s. XX y en pleno s.XXI aún tenemos el “argumento” de una falla (si es que así se le puede llamar) de una máquina inventada en el s. XVIII, mejorada en el s. XIX e introducida a México en la misma época. Y que si fuera poco la tecnología que hoy emite documentos oficiales toma una regla no escrita para justificarse. Tanto que en muchas oficinas del Registro Civil argumentan que “no pueden poner el acento porque el sistema no se los permite pues todo va en mayúsculas”.

La falta de una tilde en el nombre o el apellido, en México, no impediría que recibieras una herencia o escrituraras una propiedad, siempre y cuando se compruebe la identidad con la ayuda de dos testigos. Eso, entonces, ¿debe ser suficiente para no seguir las reglas gramaticales (y quizá ninguna otra) internacionales del español? Por un México de paz y armonía, por un México de comunicación efectiva y clara, conozcamos nuestro idioma y vayamos juntos al progreso.

Es cuánto.

Luis Lúcia
LUXIA – Capacitación y Consultoría
http://www.luxiaconsultoria.com/

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